© REVISTA GALAXIA PORTEÑA

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11/10/09

El teatro de la Ranchería


Nuestro primer teatro abrió sus puertas en 1783,en el cruce de Perú y Alsina. Su mentor fue el virrey Vertiz y lo recaudado sostenía la casa de niños expósitos.

La denominación de “Ranchería”, le venía por haber sido construida sobre lo que fuera la casa de esclavos del colegio de San Ignacio.

Se trataba de una construcción humilde. Apenas un galpón muy grande con paredes de madera y techos de paja, pese a lo cual, tenías sus telones, bastidores, vestuario y decorados. En el patio, hileras de bancos y a los lados palcos. La entrada costaba $2 para los blancos y $1 para los que no lo eran.

El 15 de agosto de 1793 se inauguraba el templo de San Juan con grandes festejos. No faltaron la iluminación grasa de potro, ni el disparo de cohetes voladores.

Quiso la mala suerte que uno de ellos cayera en el techo de “La Ranchería” y como no había elementos para sofocar incendios, nuestro primer teatro ardió hasta desaparecer.

Recién en 1804, en Reconquista y Cangallo se abrió nuestra segunda casa de comedias.
© Ana di Cesare
Historiadora

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Versión para Internet del artículo publicado en Revista Galaxia Porteña Año 1, nro 12, mayo de 2005

Cuando las aguas bajan turbias (1era Parte)


Mis queridos lectores, no les hablaré ni de arquitectura ni de urbanismo, como es mi especialidad, hoy nos ocuparemos de un tema que por su magnitud y consecuencias no podemos ignorar: la contaminación hídrica, producto de los desagües de los establecimientos industriales en Capital Federal y conurbano de la Provincia de Buenos Aires.


Haciendo historia, en materia de legislativa, el control de las instalaciones industriales, en cuanto a aprovisionamiento y evacuación de los líquidos servidos, estaba cargo de Obras Sanitarias de la nación. La cual según la industria y tipo de líquido producido obligaba a tratar dichos afluentes en una instalación especial llamada planta de tratamiento, instalada en el mismo predio de la industria, fijando niveles y parámetros físicos, químicos, térmicos, organolépticos, etc., permitidos, antes de que los líquidos salieran de la industria o colectoras, cursos de agua o pozos absorbentes.


Esto sucedió hasta 1978, fecha que al amparo del decreto 2125 del 12/9/78, llamado: CUOTA DE RESARCIMIENTO POR CONTAMINACIÓN , se autorizaba a las industrias sin ningún tipo de discriminación a arrojar líquidos sin tratamiento previo, de tal forma que curtiembres, frigoríficos, petroleras, industrias químicas, etc., comenzaron a arrojar sus líquidos cargados de cloro, bromo, cianuro, metales pesados, hidrocarburos, materia radioactiva, etc., sin control alguno, ni tratamiento previo, a cambio de una cuota mensual, cuyo monto era directamente proporcional al tipo de envenenamiento que producía. Todo esto perfectamente tabulado.


Una vez más se vulneraba la ley, en este caso la nro. 13677 y 20324.


Pasaron 26 años, las consecuencias están a la vista, el sistema sanitario colapsado. Las turbias aguas de nuestro Riachuelo, el testimonio más elocuente de lo sucedido, me relevan de todo comentario.

En la próxima entrega les informaré que ha sucedido en materia legislativa, a fin de modificar el macabro decreto nro 2125/78. Desde ya les anticipo que mucho no se ha avanzado. (adjuntamos decreto de reforma)



© Francisco A. Macchione.

Arquitecto

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Versión para Internet del artículo publicado en Revista Galaxia Porteña Año 1, nro 12, mayo de 2005

Midas


Midas aquel hombre que todo lo que tocaba convertía en oro, aparece en la frontera entre la leyenda y la historia.


Es probable que haya sido un rey de Frigia en tiempos protohistóricos, famoso por la enorme cantidad de riquezas que logró reunir.


Su recuerdo pudo ir transformarse lentamente en mito.


La historia de Midas nos es transmitida por el mitógrafo Higinio. Dice que cuando Dioniso conducía un ejército a la India, uno de los suyos se extravió. Midas lo hospedó y le facilitó guía para el regreso. Entonces, el dios, muy agradecido le concedió a Midas el deseo que quisiera pedir.


El frigio que era un hombre codicioso y avaro, no lo pensó dos veces:


- Quiero que todo lo que toque se transforme en oro.-


Su felicidad no tenía límites. Iba de un lado al otro, tocando todo lo que estaba a su alcance, las hierbas, los árboles, las aguas de las fuentes se convertían en oro. Sus sirvientes maravillados, exclamaban y Midas reía sintiéndose el más realizado de los mortales.


Claro, que no había pensado en cosas cotidianas como comer y beber. Cansado de corretear aumentando sus tesoros, decidió alimentarse, con espanto vio como trozo de los manjares que deseaba llevar a la boca, se convertía en piedra, valiosa, pero incomible. Lo más dramático fue cuando abrazó a su amada hija y la dejó convertida en aurea estatua.


Midas comprendió su error, torturado por la angustia y el hambre le rogó al dios lo liberara de aquel don. Dioniso se compadeció, le ordenó ir a bañarse al río Pactolo, donde ocurrió que cuando entró a las aguas, estas se volvieron amarillas y las arenas de las orillas polvo de oro.


Desde entonces, dice Ovidio en otra versión de la leyenda, Midas desprendido de toda riqueza, vaga por selvas y campos, venerando al humilde dios Pan.
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Versión para Internet del artículo publicado en Revista Galaxia Porteña Año 1, nro 12, mayo de 2005

¿Qué es la sexualidad?


Fresco Pompeyano de la Villa dei Misteri




“Todos hablamos del tiempo
sin saber que es el tiempo “
San Agustín


Esta nota se ubica en un contexto polémico y a la vez reflexivo.

La sexualidad puede ser conceptualizada y definida desde distintas disciplinas, la filosofía, la etnología, la religión, la medicina, el psicoanálisis, desde todas las areas que hacen a la cultura.

Pero si comparamos esas definiciones nos encontramos frente a la Torre de Babel.
Por ejemplo en las religiones es comprendida como el fin para la reproducción de la humanidad, dentro de ciertas leyes éticas y morales.

La medicina, se detiene en los mecanismos fisiológicos, reproductivos, etc.
El psicoanálisis plantea que la sexualidad no designa solamente las actividades y el placer haciéndolo depender del aparato genital, sino toda una serie de excitaciones y movimientos existentes desde la infancia, que produce un goce que no puede reducirse a la satisfacción fisiológica ( genital) y a lo instintivo.

Planteados estos conceptos nos resulta difícil poder estar de acuerdo con todas las posturas y sacar al menos una respuesta de orden universal.


Escultura: Eros y Psique de Casanova


¿Qué es la sexualidad ? ¿Eso que nos venden los medios de comunicación, los videos y fotografías del Internet, lo que nos llega a través del periodismo radial o televisivo ? Veo con cierto estupor que en estos medios, cualquiera informa con una sapiencia y seguridad acusatoria o permisiva, que me lleva a reflexionar parafraseando a San Agustín: “Todos hablamos del tiempo sin saber que es el tiempo”.

Si cambiamos el sustantivo: “todos hablamos de la sexualidad sin saber de que se trata”.

Si extendemos el concepto de sexualidad hacia lo que la funda y rodea, nos encontramos con el amor, el odio, lo temporal, nuestra historia individual y, otras tantas variables, que a veces o casi siempre nos proyectan un cono de sombra, ese el espacio de lo ignorado, de lo que no podemos … el misterio, lo oculto, lo no develado de la sexualidad.

Si tomamos en cuenta estas variables que nos enfrentan al misterio de la sexualidad, ¿Qué argumentos usan algunos que se atreven a aseverar, dictando normas, posturas, flagelos de cuerpos y destinos, sino aquellos provenientes del deseo de poder elitista o económico?






© Mario Borrajo
Psicoanalista




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Versión para Internet del artículo publicado en Revista Galaxia Porteña Año 1, nro 12, mayo de 2005

Aquel Buenos Aires del café y del tango: LA PALOMA



Dibujo: © Roberto Selles.
Queda terminante prohibida su reproducción, sin la autorizacion de su autor.

Cuando la esquina de Santa Fe y Juan B. Justo era la de Santa Fe y el arroyo Maldonado, en una de sus ochavas se levantaba el Café de La Paloma. Primeramente había sido pulpería- ignoramos con que nombre- y alrededor de 1900 se convirtió en el ya mítico café.



Había victrolera y un palco para las orquestas. Una de estas fue para el célebre Juan Maglio “Pacho”, que integraban además de su director en bandoneón, Juan “Pepino” Bonano, ( violín ), Carlos Macchi ( flauta ) y Luciano Ríos ( guitarra ). Es sugerente la circunstancia de que José Guardo dedicara precisamente a “Pacho” su tango “ La Paloma”.



El autor de “ Royal Pigall” comenzó a tocar allí en 1910, cuando el lugar era tan concurrido por el malevaje como por las ratas con lo cual él y sus músicos parecían una versión actualizada y aumentada del flautista de Hamelín. Cierto día – se cuenta – se negó a seguir tocando si no se combatía a los roedores… El propietario _ Domínguez, se llamaba – no demoró entonces, en exiliar a tan desagradables inquilinos, no era cosa de perderse la clientela que acudía atraída por el bandoneonista que estaba comenzando a cimentar su enorme fama.
Antes que Maglio, se sabe que actuaron en aquel “ palquito en alto que llegaba hasta el cielo” como lo definió José Portogalo en su poema “ Letra para Juan Tango”: los hermanos Domingo y Juan Santa Cruz. Bastante después en 1922, la orquesta era la de Paquita Bernardo, primera mujer que se atrevió a pulsar el fueye.


Casi al promediar el siglo XX, el café se trocó en pizzería, con el mismo nombre que luego cambió por el de Nápoles.


Finalmente su destino de boliche se quebró para trocarse en pinturería. En fín, todo es como decía Enrique Cadicamo en “ A pan y agua “- con música de Juan carlos Cobían – “ Café La Paloma/ por tu veredón en las noches brumosas / se pasean las sombras de Tito, Arolas y Bardi…/ Desde el pasado remoto, desde el recuerdo/ surgen las notas del pintorezco trío / de aquellos bohemios del tango”
Cada vez que Angelito vargas nos lo recuerda desde el disco, pensamos que sólo eso quedó: sombras de un tiempo bravo, de cuando Palermo lucía ese barbijo llamado Maldonado y a su costado, el café La Paloma.






© Roberto Selles

Investigador del tango


© Galaxia Porteña


Versión para Internet del artículo publicado en Revista Galaxia Porteña Año 1, nro 12, mayo de 2005