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21/7/09

La inmigración y el desarrollo urbano


En la presente nota vamos a tratar otra vertiente del desarrollo urbano en nuestro país, como consecuencia de los contingentes de distintos países (generalmente europeos) que eligieron la Argentina para afincarse y realizar su proyecto de vida. Esto se llamó vulgarmente “venir a hacerse la América”.

La llegada de extranjeros a Argentina en forma masiva, se dio por primera vez en 1880. Fue favorecida por dos causas, la primera el deseo de los inmigrantes de abandonar su país de origen, dadas las crisis económicas que por aquellos años se sucedían; la segunda, la iniciativa de las autoridades de gobierno argentino de poblar el país, dando algún tipo de facilidades: “para todo aquel individuo de bien que quiera habitar el suelo argentino”.

La respuesta a esa iniciativa fue inmediata, de tal forma que al poco tiempo, al puerto de Buenos Aires, llegaban en forma masiva, miles de personas.




Las estadísticas de la época son elocuentes, en 1914 el 50% de la población era extranjera: italianos, españoles, polacos, etc.

Los cambios operados en la sociedad fueron totales, pasó de ser una sociedad cansina y pueblerina a otra dinámica y progresista. Con toda una serie de contradicciones, que tal vez, hasta hoy no han podido ser resueltas.

Para alojar a los nuevos habitantes, nacieron nuevas tipologías edilicias, el ejemplo más difundido fue el “conventillo”. Se trataba de viviendas multifamiliares, desarrolladas en lotes de 20 varas, o sea 17 metros de frente, por 40 metros de fondo. Podían llegar a tener 20 habitaciones dispuestas una a continuación de la otra, recostadas sobre las paredes medianeras, rodeadas por una o dos patios centrales.

Las condiciones de habitabilidad de los conventillos eran pésimas, pues cada habitación de 3 metros por 3 metros, eran ocupada por una familia: el matrimonio con sus hijos; compartían un solo baño y una sola cocina con los demás vecinos y con todas las contingencias que nos podemos imaginar.

También conoció la casa taller, habitada por artesanos. En la misma vivienda se destinaba un espacio para desarrollar la actividad del locador: zapatero, carpintero, herrero, sastre.

Por afinidad a sus tareas específicas, algunos grupos debieron localizarse en determinados lugares; tal ese es el caso de los pescadores de origen genovés, que emplearon la tecnología que dominaban para construir sus propias casas, o sea casas de chapa (latas), como extensión de los barcos, dando origen al pintoresco barrio de La Boca.

La impronta de estos nuevos habitantes, modificó el paisaje urbano.

Así, a la imagen neocolonial se sumaron frentes con ornamentos, balcones con hierros trabajados, fachadas en mármol.

Además de sus sueños, los inmigrantes traían sus costumbres, sus oficios, sus recuerdos y también su nostalgia, reflejada en muchas letras de “nuestro” tango: “La boca, callejón, Vuelta de Rocha ya se va Genaro y su acordeón”.



© Arquitecto Francisco A. Macchione


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Versión para Internet del artículo publicado en Revista Galaxia Porteña Año 1 nro 6, octubre de 2004