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4/7/09

El comandante Ciriaco Cuitiño, propietario en Boedo

La que fuera la casa de Cuitiño, en Av. Independencia 3549




Hace algunos años, investigando en el Archivo del Teatro Nacional Cervantes, di con un original de Héctor P. Blomberg, que tiene el encanto de las tachaduras, sobre agregados, anotaciones al margen, de quien ha corregido un artículo que acaba de escribir. Desconozco el destino que su autor deseó darle a ese artículo, en el que con gracia cuenta un hecho histórico, relacionado con el barrio de Boedo. Es un placer compartir con Uds. Este escrito del autor de “La Pulpera de Santa Lucía”.



…………….


“Cierto día don Juan Manuel de Rosas, que se hallaba de buen humor a causa de alguna noticia secreta recibida de Santiago del Estero, donde gobernaba su fiel compadre don Juan Felipe Ibarra, le preguntó a su edecán mayor, el General Corvalán, con quien estaba mateando:


- ¿Qué le pasa al comandante Cuitiño, que lo veo con trompa desde hace algún tiempo, Corvalán?-


- El jefe de los Vigilantes a caballo parece que anda algo quejoso, señor.-


- ¿Quejoso? ¿Y de qué se queja el tremendo federal? ¡Hable Corvalán!-


- Anda murmurando que V.E., que últimamente le regaló al general pacheco los campos del Talar, y a mí me hizo el honor y el beneficio de escriturarme el campo de los Alfalfares de Rosas (hoy Belgrano), anda murmurando, repito, que V.E. se olvida de otros servidores más humildes, pero más fieles, que nunca reciben nada más que buenas palabras.-


- Mándelo llamar en el acto- Dijo Rosas, riendo con su habitual socarronería.


Minutos después el temible federal se presentaba ante el restaurador de las leyes.


- Acá estoy para servirlo con alma y vida, como siempre, excelentísimo señor gobernador.-


- Le he mandado llamar para decirle que yo no me olvido de mis comandantes, cuando se trata de recompensar sus servicios a la Federación y a mi persona, comandante Cuitiño… Dentro de ocho días preséntese en la escribanía de Montaña, que hoy mismo recibirá mis instrucciones, y verá como después de los generales Pacheco y Corvalán, usted también tendrá su valiosa propiedad en tierras… Vaya no más comandante.-


A la semana siguiente el insigne mazorquero presentábase puntual en la oficina del escribano Montaña, que era el notario de confianza de Rosas.


- S.E. me dijo, señor Montaña…-


- Sí, comandante… Firme aquí… Esta es la escritura de los terrenos que el señor gobernador le hace por sus servicios…-


Cuitiño empezó a leer y cambió de color. La desilusión y el enojo que intentaba en vano contener hacía temblar su copiosa y renegrida barba.


- ¿Esto es lo que me regala S.E.- gruñó irritado- un bañado lleno de cabras…? ¡ A mí que le sirvo mejor que nadie!-


El escribano lo miraba gravemente.


- Usted lo conoce bien a don Juan Manuel, comandante... Tenga cuidado con lo que dice… Ahora, vaya a tomar posesión de su…bañado…-


Los terrenos que Rosas regalaba, irónicamente, al terrible y envanecido federal era efectivamente un cañadón de aguas estancadas, situado a una legua al sudoeste de la ciudad y conocido, entonces como “el bañado de las cabras”.


Hoy es el rico, populoso y brillante barrio de Boedo.



…………………….


Hasta aquí la nota de Blomberg. Sobre este episodio, se cuenta otra versión, que Rosas ante el reclamo del mazorquero, decidió cederle estos terrenos empantanados, que él conocía bien, pero no Cuitiño. Dicen que éste se montó a su caballo y enfiló rumbo al oeste y, que al legar a la zona que le pertenecía, comprendió la broma que le jugara su amor, no dijo una palabra y comenzó a rellenar los terrenos.



Resumen de artículo: Revista Galaxia Porteña, año 1 nro 6, octubre 2004
© Ana di Cesare
© Galaxia Porteña

1/12/08

Rosas, Lavalle y el dulce de leche


Imaginemos el invierno de 1829, el 17 de Julio para ser precisos. Unitarios y Federales venían de firmar el pacto de Cañuelas.

Habían quedado temas pendientes y Juan Galo de Lavalle, el apuesto unitario, cabalgó hasta el campamento federal aún en las inmediaciones, para resolverlas con don Juan Manuel. Llegó agotado y como este se demoraba, lo venció la tentación de recostarse en un catre, donde se quedó profundamente dormido.

Juan Galo de Lavalle


Ese catre era el de Rosas, y cuando la multa que preparaba la lechada (leche y azúcar) para el mate de la tropa, descubrió al enemigo durmiendo en el sitio de su amo, fue a buscar ayuda para sacar de allí al intruso.

El caudillo porteño, impidió que despertaran a su hermano de leche (los había amamantado la misma nodriza). Fue entonces que la mujer se dio cuenta que había dejado la leche sobre las brasas, hirviendo suavemente, y que esta se había transformado en una crema amarronada.

Alguien tuvo el coraje de probarla, esos hombres se animaban a cualquier cosa. La cuchara pasó de mano en mano, en medio de aprobaciones. Acababa de nacer el dulce de leche.

Lavalle no se enteró, durmió hasta el día siguiente.


Juan Manuel de Rosas


© Ana di Cesare


Galaxia Porteña, año 1 nro 2, Junio 2004

©Galaxia Porteña



La foto del dulce de leche de "La cocina de Auro"
http://www.lacocinadeauro.com/index.php/2008/05/19/dulce-de-leche-casero/