22/7/09

Gardel: francés o Uruguayo






El documento de la Discordia. Según esta libreta de enrolamiento, el Morocho del Abasto, habría nacido en Tacuarembó, Uruguay.

Haya nacido en Francia o en el Río de la Plata, "nuestro Carlitos"









© Ana di Cesare
© Galaxia Porteña

Versión para Internet del artículo publicado en Revista Galaxia Porteña, Año 1, nro 2, junio de 2004

El amor y el cuidado de nuestros hijos


¿Qué padre o madre puede decir: Yo amo y cuido a mi hijo como debe ser? La respuesta no sería del todo segura porque queda un pequeño espacio de sombras que nos impide una afirmación sin titubeos.

Es una verdad, que ser padre implica cometer errores, que las respuestas que damos para resolver la educación de nuestros hijos no sean en algunas ocasiones las correctas.

¿Porqué ocurre esto? Para elucidarlo tendríamos primero que plantearnos que es el amor y que es el cuidado.

Para tratar de clarificar el concepto “amor”, tomamos a modo de referencia un mandato bíblico que nos dice “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Es decir que lo que sentimos, deseamos, nos satisface, gozamos y vivimos lo transferimos a otro distinto de nosotros, en este caso a nuestros retoños.

Acá viene el problema, a veces ese amor es tan intenso que el prójimo desaparece. Para ejemplificarlo, podemos decir “cuando yo era chico me gustaba el helado de crema, por lo tanto a mi hijo tiene que gustarle ese sabor”, pero resulta que el nene prefiere el chocolate.

Muchas veces a los padres nos resulta difícil aceptar esa sutil diferencia, esa distancia que constituye al otro y, sin darnos cuenta, exigimos a nuestros hijos que tomen “los helados de crema” que nos gustan a nosotros.

Existe en el cuidado contradicciones culturales o de arraigo familiar: “la sopa hace crecer fuertes sanos los chicos que la toman”; como una imposición generacional, un mandato de repetición, les obligamos a consumirla, aún cuando recordamos que a esa edad la odiábamos y que hoy podemos discutir su valor nutricional.

La pretensión de ser perfectos el nos lleva a elegir conductas por encima de las que deberían ser.

Estamos así en un desafío constante y quizás irresoluble en esta época. Porque los cambios de modo cultural de pensar, vivir y sentir los hechos son vertiginosos y, no dan tiempos para su reflexión y análisis.

Cabe agregar que a veces, se produce un desplazamiento de la atención que le corresponde a los vástagos, a causa del tiempo que las tareas laborales de los padres, la satisfacción de las demandas materiales y otras que cargan la economía en desmedro de la que tendría que volcarse en los hijos. La consecuencia es una supuesta desatención, papá y mamá son reemplazados por abuelos, tíos, amigos, instituciones. Esto produce una desarticulación de la relación, por la cual son los otros quienes cuidan de nuestros hijos y nos sentimos culpables.

Son el diálogo y la reflexión los únicos elementos que nos pueden prevenir de los malos entendidos entre una y otra generación, en el amor y el cuidado.

Los Forzosos de Almagro


Varios lectores nos han sugerido escribiésemos sobre los comienzos de “ San Lorenzo de Almagro”. Hemos juzgado que es un tema harto conocido, pero en cambio sí podemos contar una anécdota que antecede al nacimiento del club boedense, que, además de no estar muy difundida, pinta maravillosamente la voluntad de aquellos chicos que lo crearon y la relación entre esos vecinos que apenas poseían un destino de pobreza, pero eran ricos, muy ricos en solidaridad.

Me basaré para hacerlo, en una nota que escribiésemos hace algún tiempo con el historiador Gerónimo Rombolá.

LA SOCIEDAD DE OTROS TIEMPOS.

Corría 1907, allá por 33 Orientales y México, un grupo de adolescentes, habían formado un equipo de fútbol y en cada partido, terminaban con los vidrios de algunas de las casas, que se erguían en ese paisaje de baldíos. Habían bautizado a su cuadrito como: “ Los Forzosos de Almagro “.

Federico, Juan y Ángel Monti; Luis Gianella, Los hermanos Coll, José Colazurdo, Fernando Rosso, Luis Manara, Pablo Silva, Juan Abondanza, Los Hermanos Maidana, José Gorena, Amílcar Asali, José Savor, Francisco Sarau y otros, sintieron que les caía el mundo, cuando en los que habían sido terrenos de la familia Moreira, donde estaba la improvisada cancha, se construyó el Oratorio de los salesianos. Pero no pasó eso, incluso les regalaron una pelota y los Forzosos continuaron creciendo formando una 1era Menor y una 1era Mayor.

El problema que enfrentaron entonces, fue que en su extrema humildad, carecían de un sello con que enviar los desafíos a los diarios. Otra vez veían cortarse sus ansias, por lo que llamaron a una reunión extraordinaria de socios, el 1 de abril de 1908, en la histórica esquina de 33 y México. La fortuna reunida entre los asistentes, ascendía a 50 centavos, el sello costaba 3,50.

Pero la solidaridad era una constante en aquellos tiempos entre vecinos y, aquellos mismos que habían visto caer sus vidrios al impacto del pelotazo, pusieron con sacrificio las monedas que sumadas, permitieron comprarlo.

Luis Gianella estuvo todo el tiempo, pegado al checoslovaco que fabricó el sello, tanto era el miedo a que hubiese una equivocación. Fue el encargado de llevarlo a la barra y tan grande fue el entusiasmo que sellaron tal cantidad de papeles, que Antonio Scaramusso, lo arrebató, temeroso que las letras se gastaran y lo escondió en su casa, en una heladera en desuso, por estar en invierno.

Quedaron los papelitos al viento, con esas palabras mágicas: “ Club Atlético Forzosos de Almagro.
Luego apareció el padre Massa y la continuación de esta historia es conocida por todos, pero eso sí, cuando se planteo la necesidad de cambiar el nombre del equipo, por unanimidad se eligió el de Lorenzo y a Monti, se le ocurrió aprovechar algo del sello en que se había conjugado lo mejor de la barriada y de él se usaron dos palabras : “ de Almagro “.


© Ana di Cesare
© Galaxia Porteña

Versión para Internet del artículo publicado en Revista Galaxia Porteña Año 1, nro 5, Septiembre de 2004

El tan temido estrés


Estrés es palabra derivada del inglés “stress” que se traduce como esfuerzo, presión, fatiga nerviosa, carga, tensión.

Definimos estrés como aquella situación en que un individuo o uno de sus órganos se encuentra exigido a un rendimiento superior al normal, exponiéndose al riesgo de enfermar.

El estrés es el resultado de esa sobreexigencia. Es una situación a la que se somete el individuo que vive la vorágine de las grandes ciudades prisionero de los estímulos tensionantes y el exceso de trabajo cotidiano.

El ser humano se encuentra en la vida de hoy sujeto a factores internos y externos que lo mantienen al borde del crack psicofísico. Mucho han contribuido a esta realidad la necesidad de crecimiento económico, el afán de éxito y superación, la feroz competencia en lo personal, laboral y social, las duras políticas económicas que han esclavizado al hombre condenándolo a interminables horas de trabajo y esfuerzo. La familia en crisis aporta no pocos ingredientes a esta escena patética de desgaste cotidiano.

El estrés psicofísico se manifiesta con signos y síntomas variados. Son frecuentes los trastornos del sueño, los desórdenes alimentarios, los problemas digestivos – diarreas, meteorismo, náuseas, vómitos, distensión abdominal, gastritis, esofagitis, dispepsia –. Pueden presentarse también dolores de cabeza, de nuca, alteraciones de la presión arterial, palpitaciones, y trastornos visuales y auditivos. No son raras las contracturas musculares en cuello, hombros y columna vertebral. Puede haber también manifestaciones en piel, pelo y uñas. En la esfera psíquica, aparecen irritabilidad, nerviosismo, angustia, fobias, miedos, trastornos en las relaciones personales y en la vida social, aislamiento, agresividad, falta de adaptación.

La medicina siempre reconoció y describió las entidades vinculadas al estrés pero nunca como ahora la ciencia necesita replantear este capítulo para encarar soluciones a un abanico de enfermedades de altísimo impacto en la sociedad de hoy.

Las medidas a adoptar para disminuir el impacto del estrés:

- Vida sana, caminatas y ejercicios al aire libre. Dieta adecuada.
- Descanso diario de 6 - 8 horas
- Prácticas de relajación en penumbras y en silencio
- Evitar lugares ruidosos y excesivamente iluminados
- Jerarquizar las actividades recreativas
- Replantear actividad laboral, horarios, descansos, vacaciones.
- Revalorizar afectos, familia, pareja.
Desde la ayuda profesional, son útiles la consulta médica clínica para los ajustes de diagnóstico y tratamiento, la psicoterapia como apoyo terapéutico.
La medicina alternativa ofrece posibilidades de tratamiento con acupuntura, meditación, yoga y otras prácticas orientales de gran valor antiestrés.



© Dra. Cristina Trípodi
© Galaxia Porteña

Versión para Internet del artículo publicado en Revista Galaxia Porteña Año 1, nro 5, Septiembre de 2004



El tango imán de poetas



Además de haber alcanzado en sus letras una reconocida calidad poética (en este caso cancionística), el tango fue y es motivo inspirador y poderoso atractivo para la creación poética exclusivamente literaria. A través de su temática, sus personajes y protagonistas y su propia mitología, el espíritu y el universo del tango aparecen en muchos poemas de diferentes procedencias estéticas, aún entre quienes se confiesan “no tangueros”.

Los poetas tienen que ver con él desde que nació, intentando interpretarlo o pintando sus ambientes y tipos. Y alcanzan importancia como antecedentes concretos de la poesía cancionística que el género desarrolla en la etapa “post-contursiana” ( desde 1917). Esos antecedentes se encuentran en la poesía de Carriego, en las “ Milongas clásicas “ de Almafuerte y en la poesía de los payadores urbanos y subirbanos. A partir de Pascual Contursi, se sumaron a la peripecia poética del tango, poetas populares que se convirtieron en autores y autores-poetas ( Celedonio Flores, Francisco García Jimenez ) saineteros y dramaturgos ( José González Castillo, Manuel Romero, Samuel Linnig, Alberto Vacarezza), incursionando también poetas de versos “ para leer” en el estricto sentido literario ( no autores) como Nicolás Olivari o Fernán Silva Valdés.
El triunfo del tango-canción ( de la mano de Gardel) atrajo a poetas de diferentes procedencias y orígenes. Así creció su caudal literario con los ya nombrados y otros como Enrique Cadícamo, Homero Manzi, Enrique Santos Discépolo, Alfredo Lepera, Cátulo Castillo, Hector Pedro Blomberg, josé María Contursi y Homero Expósito, para citar a los más reconocidos.

Pero paralelamente fue desarrollándose una producción literaria intimamente relacionada con el tango. Parte de ella influenciando a los propios autores y el resto configurando un vasto territorio poético digno de ser explorado. Allí aparecen nombres como los de Jorge Luis Borges, raúl Gonzalez tuñón, José Portogalo, los lunfardescos Julián Centeya y Carlos de la Púa; los inclasificables Juan Carlos Lamadrid y Mario J. De Lellis y –como ejemplos de una copiosa bibliografía de los ultimos años – los más cercanos ( entre los que siento el honor de contarme ), Atilio J. Castelpoggi, Julio Huasi, Eduardo Romano, roberto Santoro, Alfredo Carlino, Humberto Constantini, Horacio Ferrer, Roberto Selles, Horacio Salas... Todos ( más los omitidos por razones de espacio y temor de abrumar con una larga lista ) testimonios de la existencia de una corriente ininterrumpida.

Esta generosa corriente que no se detiene, sobre el pentagrama o el papel en blanco, integra una valiosa y representativa línea poética que recoge las mejores y más cabales raíces indiscutiblemente nuestras y las prolonga en obras que sin duda se inscriben entre los más auténticos exponentes de cada época. Ningún poeta ciudadano que cultive esta indeclinable pasión de pintar y cantar a su “ aldea “, podrá soslayar o sentirse ajeno a la influencia del tango en la medida que no ignore las auténticas raíces de nuestro pueblo.


© Hñector Negro
© Galaxia Porteña Versión para Internet del artículo publicado en Revista Galaxia Porteña Año 1, nro 5, Septiembre de 2004

(Héctor Negro. Escritor, poeta, letrista)





La pulpera de Santa Lucía



Fines de la década de 1820. La frase era común entre los jóvenes de lo que era entonces el centro de la ciudad: “Vamos a Barracas; no puede ser que aún no conozcamos a la Rubia del Saladero”. Los muchachos de Barracas, en cambio, nunca la habían pronunciado; ninguno de ellos se había perdido la oportunidad de admirar a la bellísima jovencita.


En la pulpería rodeada de saladeros -de allí el apodo de la muchacha- y cercana al templo de Santa Lucía, ella concitaba las miradas masculinas, mientras resplandecían sus cabellos rubios y sus ojazos celestes, detrás del mostrador de la Pulpería de la Paloma. Pero no todo puede ser completamente bello en la vida; a sus espaldas había un pasado doloroso.


La historia cuenta que, hacia 1835, un unitario apellidado Bustos se vio -al ser perseguido por la mazorca- obligado a huir hacia la Banda Oriental. El hombre -viudo, por entonces-confió a su pequeña hija, Ramona Bustos, al cuidado de su cocinera negra Flora Valderrama. También le dejó algún dinero como para que ambas no pasaran privaciones. Con parte de esa suma -que, evidentemente sería importante-, la mujer estableció aquella pulpería de la Calle Larga de Barracas, que es la actual Montes de Oca.


Poco después, los bienes de Bustos fueron confiscados y Flora -por temor a las persecuciones- cambió el nombre de la pequeña, que a partir de ahora sería Dionisia Valderrama. Con el tiempo, la niña de convirtió en la atractiva adolescente de cabellos rubios y ojos celestes de que hablábamos.


Corrían los día de 1849 cuando, como tantos otros muchachos ávidos por conocer a la célebre blonda, cayó por la pulpería de la Calle Larga un soldado de Lavalle apellidado Miranda, con fama de payador...


En agosto de aquel año, se inició una espantosa degollación de unitarios, y Miranda huyó no sin llevarse a la rubia de la que se había enamorado. Hacia dónde se dirigieron es un misterio; quizás hacia la Banda Oriental, a fin de reunirse con el padre de la muchacha. Al menos, Héctor Pedro Blomberg, en su novelita “La pulpera de Santa Lucía”, dice que rumbearon “hacia la tierra salvadora del Uruguay” y puede ser cierto, más allá de las recreaciones y cambios de nombres de la obra.


A propósito, habían pasado los años y la parda Camila López Camelo le contaba la historia a Blomberg. En 1928 el poeta escribía el poema “La pulpera de Santa Lucía”, que relataba aquellos sucesos. Poco después, esos versos fueron levemente modificados, para convertirse, con música de Enrique Maciel, en el vals de igual título, que se hizo célebre en labios de Ignacio Corsini, a partir de su estreno en Radio Prieto o de su memorable grabación registrada el 22 de abril de 1929.









© Roberto Selles
© Galaxia Porteña Versión para Internet del artículo publicado en Revista Galaxia Porteña Año 1, nro 5, Septiembre de 2004


(Roberto Selles. Investigador del tango, escritor, poeta, traductor)

El ferrocarril como factor organizador


La historia nos remite a 1854, cuando se autoriza la construcción de una vía férrea hacia el oeste, a partir de allí las primeras locomotoras comenzarán a surcar nuestro suelo.

Para aquella época, la geografía de nuestro territorio, estaba salpicada por centros poblados con los organismo institucionales (iglesia, municipalidad ), lo demás era terreno despoblado en forma creciente a medida que nos internábamos en las pampas.

El modelo de producción argentino para aquella época era agro/ganadero, exportador de productos primarios. Es decir los recursos ingresaban como resultado de las ventas de las cosechas de trigo, algodón, etc. , al mercado internacional, especialmente el europeo, esta tarea suponía el traslado de grandes volúmenes de granos, ganado, cueros, desde su lugar de origen, el campo, hasta el puerto para su embarque a su destino de consumo.

Aquí, en este punto, aparece la gran protagonista de esta historia: la majestuosa “locomotora” con su ordenada formación de vagones. Que aún hoy, con el desarrollo tecnológico, no ha podido ser superado por ningún otro medio de transporte.



Si bien el ferrocarril nació argentino, la totalidad del tendido de vías, la construcción es estaciones y terminales, fueron encargadas a empresas de origen inglés, así como el personal jerárquico.

Una definió los recorridos, salidas y llegadas, las trazas de las vías coincidían con los puntos donde el terreno era más elevado, esto era para evitar zonas inundables, a veces seguían sinuosos recorridos.
Las distancias a recorrer eran extensas, lo que obligaba a generar estaciones intermedias. Estas distancias debían limitarse por dos causas.

a- La autonomía de la locomotora, pues esta debía aprovisionarse de Carbón y de agua, para su funcionamiento

b- Era por razones económicas, la existencia de una sola vía, tanto de ida como de vuelta.

La localización de las estaciones actuaba como dinamizador de otras actividades, pues para su funcionamiento necesitaba viviendas para el personal ferroviario (jefe de estación, señaleros) y galpones, silos. Esto generaba comercios, viviendas particulares, etc. Provocando un verdadero tejido urbano.

© Arquitecto Francisco A. Macchione
© Galaxia Porteña
Versión para Internet del artículo publicado en Revista Galaxia Porteña Año 1 nro 5, septiembre de 2004