


© Francisco A. Macchione.
Arquitecto
© Galaxia Porteña
Versión para Internet del artículo publicado en Revista Galaxia Porteña Año 1, nro 12, mayo de 2005
Escultura: Eros y Psique de Casanova
¿Qué es la sexualidad ? ¿Eso que nos venden los medios de comunicación, los videos y fotografías del Internet, lo que nos llega a través del periodismo radial o televisivo ? Veo con cierto estupor que en estos medios, cualquiera informa con una sapiencia y seguridad acusatoria o permisiva, que me lleva a reflexionar parafraseando a San Agustín: “Todos hablamos del tiempo sin saber que es el tiempo”.
Si cambiamos el sustantivo: “todos hablamos de la sexualidad sin saber de que se trata”.
Si extendemos el concepto de sexualidad hacia lo que la funda y rodea, nos encontramos con el amor, el odio, lo temporal, nuestra historia individual y, otras tantas variables, que a veces o casi siempre nos proyectan un cono de sombra, ese el espacio de lo ignorado, de lo que no podemos … el misterio, lo oculto, lo no develado de la sexualidad.
Si tomamos en cuenta estas variables que nos enfrentan al misterio de la sexualidad, ¿Qué argumentos usan algunos que se atreven a aseverar, dictando normas, posturas, flagelos de cuerpos y destinos, sino aquellos provenientes del deseo de poder elitista o económico?
© Roberto Selles
Investigador del tango
© Galaxia Porteña
Versión para Internet del artículo publicado en Revista Galaxia Porteña Año 1, nro 12, mayo de 2005
© Arquitecto Francisco A. Macchione
© Galaxia Porteña
Versión para Internet del artículo publicado en Revista Galaxia Porteña Año 1 nro 5, septiembre de 2004
© Ana di Cesare
© Galaxia Porteña
Versión para Internet del artículo publicado en Revista Galaxia Porteña, año 1 nro 6, octubre 2004
En la presente nota vamos a tratar otra vertiente del desarrollo urbano en nuestro país, como consecuencia de los contingentes de distintos países (generalmente europeos) que eligieron
La llegada de extranjeros a Argentina en forma masiva, se dio por primera vez en 1880. Fue favorecida por dos causas, la primera el deseo de los inmigrantes de abandonar su país de origen, dadas las crisis económicas que por aquellos años se sucedían; la segunda, la iniciativa de las autoridades de gobierno argentino de poblar el país, dando algún tipo de facilidades: “para todo aquel individuo de bien que quiera habitar el suelo argentino”.
La respuesta a esa iniciativa fue inmediata, de tal forma que al poco tiempo, al puerto de Buenos Aires, llegaban en forma masiva, miles de personas.
Las estadísticas de la época son elocuentes, en 1914 el 50% de la población era extranjera: italianos, españoles, polacos, etc.
Los cambios operados en la sociedad fueron totales, pasó de ser una sociedad cansina y pueblerina a otra dinámica y progresista. Con toda una serie de contradicciones, que tal vez, hasta hoy no han podido ser resueltas.
Para alojar a los nuevos habitantes, nacieron nuevas tipologías edilicias, el ejemplo más difundido fue el “conventillo”. Se trataba de viviendas multifamiliares, desarrolladas en lotes de 20 varas, o sea
Las condiciones de habitabilidad de los conventillos eran pésimas, pues cada habitación de
También conoció la casa taller, habitada por artesanos. En la misma vivienda se destinaba un espacio para desarrollar la actividad del locador: zapatero, carpintero, herrero, sastre.
Por afinidad a sus tareas específicas, algunos grupos debieron localizarse en determinados lugares; tal ese es el caso de los pescadores de origen genovés, que emplearon la tecnología que dominaban para construir sus propias casas, o sea casas de chapa (latas), como extensión de los barcos, dando origen al pintoresco barrio de
La impronta de estos nuevos habitantes, modificó el paisaje urbano.
Así, a la imagen neocolonial se sumaron frentes con ornamentos, balcones con hierros trabajados, fachadas en mármol.
Además de sus sueños, los inmigrantes traían sus costumbres, sus oficios, sus recuerdos y también su nostalgia, reflejada en muchas letras de “nuestro” tango: “La boca, callejón, Vuelta de Rocha ya se va Genaro y su acordeón”.
© Arquitecto Francisco A. Macchione
© Galaxia Porteña
Versión para Internet del artículo publicado en Revista Galaxia Porteña Año 1 nro 6, octubre de 2004
Hace algunos años, investigando en el Archivo del Teatro Nacional Cervantes, di con un original de Héctor P. Blomberg, que tiene el encanto de las tachaduras, sobre agregados, anotaciones al margen, de quien ha corregido un artículo que acaba de escribir. Desconozco el destino que su autor deseó darle a ese artículo, en el que con gracia cuenta un hecho histórico, relacionado con el barrio de Boedo. Es un placer compartir con Uds. Este escrito del autor de “
…………….
“Cierto día don Juan Manuel de Rosas, que se hallaba de buen humor a causa de alguna noticia secreta recibida de Santiago del Estero, donde gobernaba su fiel compadre don Juan Felipe Ibarra, le preguntó a su edecán mayor, el General Corvalán, con quien estaba mateando:
- ¿Qué le pasa al comandante Cuitiño, que lo veo con trompa desde hace algún tiempo, Corvalán?-
- El jefe de los Vigilantes a caballo parece que anda algo quejoso, señor.-
- ¿Quejoso? ¿Y de qué se queja el tremendo federal? ¡Hable Corvalán!-
- Anda murmurando que V.E., que últimamente le regaló al general pacheco los campos del Talar, y a mí me hizo el honor y el beneficio de escriturarme el campo de los Alfalfares de Rosas (hoy Belgrano), anda murmurando, repito, que V.E. se olvida de otros servidores más humildes, pero más fieles, que nunca reciben nada más que buenas palabras.-
- Mándelo llamar en el acto- Dijo Rosas, riendo con su habitual socarronería.
Minutos después el temible federal se presentaba ante el restaurador de las leyes.
- Acá estoy para servirlo con alma y vida, como siempre, excelentísimo señor gobernador.-
- Le he mandado llamar para decirle que yo no me olvido de mis comandantes, cuando se trata de recompensar sus servicios a
A la semana siguiente el insigne mazorquero presentábase puntual en la oficina del escribano Montaña, que era el notario de confianza de Rosas.
- S.E. me dijo, señor Montaña…-
- Sí, comandante… Firme aquí… Esta es la escritura de los terrenos que el señor gobernador le hace por sus servicios…-
Cuitiño empezó a leer y cambió de color. La desilusión y el enojo que intentaba en vano contener hacía temblar su copiosa y renegrida barba.
- ¿Esto es lo que me regala S.E.- gruñó irritado- un bañado lleno de cabras…? ¡ A mí que le sirvo mejor que nadie!-
El escribano lo miraba gravemente.
- Usted lo conoce bien a don Juan Manuel, comandante... Tenga cuidado con lo que dice… Ahora, vaya a tomar posesión de su…bañado…-
Los terrenos que Rosas regalaba, irónicamente, al terrible y envanecido federal era efectivamente un cañadón de aguas estancadas, situado a una legua al sudoeste de la ciudad y conocido, entonces como “el bañado de las cabras”.
Hoy es el rico, populoso y brillante barrio de Boedo.
…………………….
Hasta aquí la nota de Blomberg. Sobre este episodio, se cuenta otra versión, que Rosas ante el reclamo del mazorquero, decidió cederle estos terrenos empantanados, que él conocía bien, pero no Cuitiño. Dicen que éste se montó a su caballo y enfiló rumbo al oeste y, que al legar a la zona que le pertenecía, comprendió la broma que le jugara su amor, no dijo una palabra y comenzó a rellenar los terrenos.