© REVISTA GALAXIA PORTEÑA

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1/12/08

Rosas, Lavalle y el dulce de leche


Imaginemos el invierno de 1829, el 17 de Julio para ser precisos. Unitarios y Federales venían de firmar el pacto de Cañuelas.

Habían quedado temas pendientes y Juan Galo de Lavalle, el apuesto unitario, cabalgó hasta el campamento federal aún en las inmediaciones, para resolverlas con don Juan Manuel. Llegó agotado y como este se demoraba, lo venció la tentación de recostarse en un catre, donde se quedó profundamente dormido.

Juan Galo de Lavalle


Ese catre era el de Rosas, y cuando la multa que preparaba la lechada (leche y azúcar) para el mate de la tropa, descubrió al enemigo durmiendo en el sitio de su amo, fue a buscar ayuda para sacar de allí al intruso.

El caudillo porteño, impidió que despertaran a su hermano de leche (los había amamantado la misma nodriza). Fue entonces que la mujer se dio cuenta que había dejado la leche sobre las brasas, hirviendo suavemente, y que esta se había transformado en una crema amarronada.

Alguien tuvo el coraje de probarla, esos hombres se animaban a cualquier cosa. La cuchara pasó de mano en mano, en medio de aprobaciones. Acababa de nacer el dulce de leche.

Lavalle no se enteró, durmió hasta el día siguiente.


Juan Manuel de Rosas


© Ana di Cesare


Galaxia Porteña, año 1 nro 2, Junio 2004

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La foto del dulce de leche de "La cocina de Auro"
http://www.lacocinadeauro.com/index.php/2008/05/19/dulce-de-leche-casero/














La Casa Mínima

En la cortada San Lorenzo Nro.380 (San Telmo), se encuentra la casa más angosta de la ciudad, apenas 2,30 metros de frente, que disminuyen hacia el interior a causa de sus gruesos muros de 45 cm de ancho.

Acerca de su origen los historiadores no se han puesto de acuerdo. Para unos, es el residuo que quedó luego de las múltiples subdivisiones que sufrió el predio que en un principio la contenía. Para otros, era casa de libertos.

Cuando los esclavos adquirieron su libertad y, en muchos casos debieron procurarse una vivienda, sus viejos amos, les concedían una pequeña porción de terreno dentro de sus propiedades, para que la edificaran, cuando el liberto fallecía, ésta regresaba a manos del donante.




Esta extraña casa parece haber sido construida hacia 1850. En su mínimo terreno de 13 metros de largo, tiene en la planta baja un hall, patio y cocina; en altos, una habitación a la que se accede por una escalera caracol.




La leyenda cuenta que le perteneció a un esclavo de Urquiza, pero más allá de la realidad histórica y del mito, nos quedamos con las palabras que sobre ella dijera Baldomero Fernández Moreno: “ Más que una casa (…) es una fisura que llenaron de ladrillo y cal para que no se vea el azul del cielo”.






© Ana María di Cesare


(Galaxia Porteña, año 1 nro 5, septiembre 2004)


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Remedios de Escalada de San Martin


Remedios, la esposa del General San Martín, falleció en Parque de Los Patricios.

Los Escalada, poseían una quinta en el sur. Durante muchos años se discutió su ubicación exacta, hasta que se precipitaron los datos. Ocupaba los terrenos, y alguna extensión más, del hoy parque Florentino Ameghino, determinado por las calles Monasterio, Santa Cruz, Uspallata y Caseros. Flanqueado por el Hospital Muñiz y la vieja cárcel de Caseros.

Al comienzo de su enfermedad, se la había llevado a la quinta de San Cristóbal, para que recuperara su salud. A fines de julio de 1823, cuando la mujer de 26 años, agonizaba, se la pensó regresar a la casa familiar en las actuales Perón y San martín, esquina S.O. Pero, se comprendió el sinsentido de someterla a semejante viaje, en pleno invierno y con el pésimo estado de los caminos. Sí, se la trasladó cuando ya había fallecido, el 3 de agosto de 1823, para que sus allegados pudieran asistir al velatorio.

Hasta 1947 se conservaban restos de una tapia y una casa, dando cuenta de la existencia de la quinta.
© Ana di Cesare

(Galaxia Porteña, año 2 nro 19, noviembre 2005)

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15/3/08

La nevada del 22 de junio de 1918

Foto: La Plata 22, junio, 1918


El 22 de junio de 1918, nuestra ciudad se cubrió de nieve.

Hacia las 15,30 horas de ese sábado, los porteños asombrados, vieron flecos de nieve volar entre la lluvia y desaparecer antes de tocar el suelo. Lo insólito del fenómeno aglomeró a los vecinos, pese al intenso frío, en los umbrales y los balcones. Para demostrar que algunas costumbres no se pierden en el transcurso del tiempo, la Cámara de Senadores malogró el 7ma sesión ordinaria, porque los señores senadores tuvieron un interesante espectáculo de la nevada desde las antesalas del Congreso.

No quedó en copitos la cosa, porque con breves interrupciones la nevada, continuó toda la tarde y toda la noche. Así Buenos Aires quedó cubierta por un espeso manto blanco (que en la ciudad de La Plata llegó a los 39 cm.)

La primera reacción de los porteños fue acercar los dedos, luego vinieron los muñecos y las guerras con bolas de nieve.

Sorpresas y nostalgias… No todo fue dicha, el espectáculo se cobró dos vidas a causa del frío y los hospitales atendieron numerosas fracturas, contusiones y heridas varias entre los que resbalaron sobre aquella histórica nevada.


© Ana María di Cesare

(Galaxia Porteña, Año
2,
Nro 14, Junio 2005)

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